Cualquier género cinematográfico puede ser un vehículo para la crítica social. Esto es de Perogrullo, pero algunos lo olvidan. Hay películas sin una coma de realidad, como si hablar de la realidad fuera a sacar al espectador de la película.
Un viejo y frívolo musical como Un día en Nueva York (On the town, 1949) enseña cómo hacer crítica social con dos líneas de diálogo.















